miércoles, 18 de octubre de 2017

Hasta a ti Machu Picchu ... una experiencia inolvidable



En el mes de septiembre, para las fiestas patrias, viajé por tercera vez a Perú con el objetivo de conocer, esta vez, la ciudad de Cuzco y Machu Picchu.

Al aterrizar en tierras incas  y, a pesar de las advertencias por la altura ( 3.400 metros sobre el nivel del mar), prendo de inmediato un cigarro haciendo caso omiso a los consejos que recibí pre viaje.

Nos recogieron en el aeropuerto - contratamos los servicios de la empresa de turismo Freepackers Perú-  para dirigirnos al hotel el Esplendor de Cusco - Cusco o Cuzco están bien escritos-. La señora que se encargó de nuestra estadía en la ciudad fue enfática en decirme "señorita no coma nada pesado, camine lento, no fume, tómese un té de coca" y a mí me entró por un oído y me salió por el otro porque estaba fascinada observado esa hermosa ciudad a través de los vidrios del auto. ¡¡¡Es una ciudad enorme!!!! 

Llegamos al hotel, muy lindo por cierto, una casona antigüa en pleno centro de Cuzco a pasos del mercado San Pedro. Desempacamos y salimos de inmediato a recorrer esa maravillosa ciudad. Las noches son súper heladas por lo que nos abrigamos muy bien para pasear por las callecitas de adoquines del centro histórico de la ciudad. 

Al poco andar veo una enorme iglesia en una esquina, pero seguí caminando y había otra iglesia y otra iglesia y otra iglesia. 





En ese momento, a pesar de la belleza de la ciudad, pensé en cómo los españoles se adueñaron de toda latinoamérica pisoteando templos y culturas enteras. En fin, la triste historia del patio trasero de Estados Unidos ... pero no me puse grave, es más, mi pololo que es católico quiso entrar a una iglesia que - para mi mala cuea- justamente celebraba una misa y empezó a cantar, rezar, arrodillarse, hasta comulgó, jajajaja. Solo quería arrancar y enterrarme en un hoyo pero, con los años, aprendí a respetar las diferencias sobre todo de las personas que se quieren.

Al salir de la Basílica de la Merced - por fin - caminamos hacia la plaza de Armas de Cuzco, lugar que siempre quise conocer, y me fumé otro "puchito" antes de entrar al restaurante La Calle del Medio (súper recomendable), linda infraestructura con vista a la plaza, atención de primera y comida exquisita. Comí carapulcra, un plato típico peruano, más pesado que la cresta y probé la carne de alpaca (mil disculpas a los vegetarianos y veganos). Hasta que de repente me empecé a sentir mal y tuve que correr como Forrest al baño. ¡Fue una explosión de vómito!

Salí indigna del baño pero me sentí mejor. Así que me fumé otro "puchito" para calibrar y me fuí acostar. Nos levantamos a las 4 de la mañana, tomamos desayuno y partimos a Ollantaytambo a tomar el tren a Machu Picchu, en ese momento me sentía bien.









Después de una hora y media de viaje desde Cuzco a Ollantaytambo en auto, nos subimos al tren - existen dos empresas de ferrocarriles en la zona Perurail e Inca Rail- y partimos a la aventura a una de las maravillas del mundo. El viaje fue súper chistoso, nos reímos a carcajadas de lo que pasó la noche anterior mientras disfrutábamos del hermoso paisaje. Los vagones iban llenos de turistas de todo el mundo, principalmente europeos que viajaban completamente equipados para hacer el camino del Inca (cuatro días de caminata), ¡valor!.

Después de una hora y 45 minutos llegamos al pueblo de Aguas Calientes donde decenas de personas se acercaban para vender capas de agua y repelente de mosquitos - muy necesarios cuando llueve y sale el sol-.  El pueblo es maravilloso, muy turístico, pero sumanente caro (jamás se les ocurra comprar artesanías porque cuestan 60% más que en Cuzco). Esperamos un rato en la plaza y a mi pololo se le antojó una hamburguesa con papas fritas a las 11 de la mañana, le robé una "papa con mayo" y al instante me dolió el estómago.

Tomamos el bus a Machu Picchu y llegamos a las ruinas - aun me dolía la guata- pero dignamente me integré al grupo "Cosmos" para recorrer este imponente e histórico lugar atestado turistas. Al llegar al punto exacto de las fotos de postal nos encontramos con unas llamas (están para los turistas, no llegan ahí al azar) y saqué una foto tipo National Geographic que juré me haría famosa -hay como un millón de las mismas en Internet, jajaja-.





En este preciso momento me empecé a sentir peor del estómago, mientras el "cara de gallo" salía intempestivamente con toda sus fuerzas. Sentí náuseas, cólicos, sudaba helado ... lo único que necesitaba era un baño en pleno Machu Picchu. Por supuesto, en esta condición, ya no me podía concentrar y el tour me importaba un carajo. Mi pololo, en tanto, estaba súper entusiasmado por lo que aguanté digna hasta el final del recorrido. Sin embargo, el baño no estaba al final de las ruinas sino al principio por lo que me convertí en una verdadera Chaski corriendo por todo Machu Picchu para no dejar literalmente la cagada. Pero no todo era malo, como premio, al salir del baño y después de preguntarle a mil personas desde que llegué a Cuzco, veo una mesita con un timbre y un tampón de tinta cumpliendo el sueño de tener estampadas las ruinas de Machu Picchu en mi pasaporte.

Regresamos a Aguas Calientes (en realidad se llama Machu Picchu Pueblo) sintiéndome algo mejor. Comí arroz blanco y esperamos a que arribara el tren que nos llevaría de regreso a Ollantaytambo. El viaje fue piola, pero me aseguré de conseguir una bolsa en el camino. Nos recogió el auto que nos llevaría de regreso a Cuzco y para qué les cuento cómo fue esa hora y media junto a mi bolsita amiga, nos hicimos íntimas. 

Llegué exhausta con la moral por el suelo y las tripas en la mano, me acosté y mi pololo salió a comprarme las famosas Sorojchi Pills para que se me pase el "soroche", "puna", "mal de altura", etc... la wea era que se me pase rápido. 



Desperté con un dolor de cabeza nivel "OH MY GOD", pero entusiasmada por conocer el Valle Sagrado. Fuimos a Corao, Urubamba, Pisac, Ollantaytambo y Chincheros. En todos los pueblos te encuentras con niños vestidos con trajes típicos y llamas para las fotos (se les deja una propina); no profundizaré con el trabajo infantil porque allí se ve mucho.






El Valle Sagrado es tan majestuoso como Machu Picchu con sus terrazas, ruinas  e historia. En general toda la provincia de Cuzco es maravillosa, existe gran oferta de restaurantes y alojamiento para todos los bolsillos. El desarrollo turístico de la zona es a gran escala y en el camino se pueden ver diversos emprendimientos ligados a este rubro. Si es animalista, no le aconsejo ir porque en todo lugar venden tiernos cuy enterrados en un palo y asados enteros. 




Después de estar todo el día en tour decidimos, a pesar del cansancio,  celebrar Fiestas Patrias en el famoso restaurante de Gastón Acurio "Chicha". Pedimos unas empanadas y dos platos de fondo, y cómo suceden cosas mágicas comenzó a sonar una cueca y brindamos con un ¡Viva Chile!. El lugar es muy agradable, la comida rica y los precios razonables para ser un restaurante de Acurio. Lamentablemente, señor Acurio, quiero pedirle disculpas a través de este blog por ser mal educada y vomitar su exquisita comida en las paredes de su lindo baño. 

Al día siguiente, nos levantamos nuevamente muy temprano para recorrer la ciudad con luz de día; fuimos al mercado de San Pedro donde compramos sal de Maras y a las tiendas de artesanías colindantes para adquirir imanes y unos cojines bordados que deseaba desde hace mucho tiempo. Al mediodía volamos de regreso a Lima.

Finalmente con este viaje aprendí, que a pesar de que las cosas muchas veces no resultan como se esperan, siempre hay que mirar la vida con humor, lo importante es que me reí de mi misma y conocí un lugar mágico que siempre quise conocer y viví en carne propia la experiencia de ser Chaski por un día.

Como dato útil, les aconsejo cotizar muy bien antes de viajar, existen muchos tipos de alojamiento, la comida es buena en todas partes y a precios diversos dependendiendo del restaurante. El viaje en tren es carísimo 150 dólares por persona aprox. y en cada atracción turística hay que pagar una entrada, por ejemplo entrar a Machu Picchu cuesta 70 dólares. 

La otra semana voy a Uruguay y ahora que retomé la vida blogger, jajaja, pondré atención en datos útiles y precios.

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