martes, 10 de octubre de 2017

Reflexión sobre el consumo de zapatos (y el consumo en general)








El fin de semana asistí a la feria Expo Mundo Tacones en el hotel Enjoy de Puerto Varas. Hace mucho tiempo que no iba a ferias de este tipo, será que con la "vejentud" me molestan las aglomeraciones. 

Honestamente, nunca he sido fan de los zapatos, de hecho hace un tiempo empecé a comprarme zapatos más "femeninos" y con algo de taco. Por lo general tenía un par de botines (a los que les daba duro hasta que se hacían pebre) y mis clásicos mocasines de abuela (horribles por cierto); pero no me importaba porque, según mi percepción, pasaba inadvertido por mi exquisito gusto al vestir, jajaja. 

Sé que muchas mujeres se vuelven locas por los zapatos (al estilo Carrie Bradshaw pero más pobres); tienen cientos de ellos, en todos colores, formas, materiales, adornos; transparentes, con tachas, con flecos, bordados, etc, etc, etc. Tienen zapatos en cajita o se hacen estantes especiales para lucir y cuidar esos fetiches.... No las critico, me parece bien que se compren zapatos como deporte (la que puede, puede) o que sientan orgasmos cada vez que Manolo Blahnik lance una nueva colección.

Sin embargo, en mi visita a la feria me pasaron varias cosas dignas de ser relatadas a mi sicóloga. Primero, entré con una ansiedad enorme al lugar; me quería hacer la manicure y tratamiento facial apenas entré (la cosa era gastar plata). Después en la feria empecé a mirar zapatos (con un radar especial que tengo para las compras) hasta que vi unos botines que siempre quise. Con los ojos llenos de brillo, se me acerca el vendendor y me dice "solo cuestan $40.000" y ahí me trastorné. "Lo quiero ahora en número 38" - dije- pero para mi mala fortuna no quedaba en ese número. Fue en ese momento cuando entré en desesperación y en mi fuero interno rogaba (poco me faltó para rezar un padre nuestro) que hubiese 39 y por suerte habían!!! "Me lo llevo", exclamé. A la hora de pagar saqué mi tarjeta de débito que fue rechazada por la máquina 8 veces y empecé a sudar ya que se avecinaba una horda de "orcos" o "caminantes blancos" al estilo Game of Thrones (esa sensación tuve) a comprar los mismos zapatos que quería yo. Miré mi cuenta bancaria y no me habían clonado la tarjeta como supuse (mi mente pensó lo peor) y de repente vi la luz, una amiga igual de consumista leyó mi cara de desesperación y me compró los zapatos diciendome "te entiendo tan bien", jajajaja. 

Proseguí con la satisfacción de la tarea realizada hasta que vi un stand lleno de cosas de la India, entre ellas muchos zapatos que brillaban como el sol y a solo $15.000. Me probé como 10 pares y me quedé con dos (los tuve que esconder por recomendación del vendedor para que otras mujeres desesperadas no se los lleven o me golpeen). El show con la tarjeta fue superior, para pagar (como la señal era débil) tuve que salir a la calle prácticamente para que resultara la compra y fue en ese momento cuando pensé lo penoso que es el sistema y lo patética que me sentía.

Seguí mi recorrido, pero esta vez reflexionando sobre lo que veía y mi comportamiento compulsivo. Al mismo tiempo el lugar se atestaba de mujeres con bolsas, sudadas y desesperadas por alcanzar a comprar algo (a esa altura poco quedaba). Codazos iban, codazos venían junto con insultos y malos tratos a las vendedoras de los stand que no daban abasto con la demanda patológica.

Seguí caminando y me encontré con varias conocidas en verdaderas encrucijadas del consumo. ¿Me compró unas babuchas de 120.000 lucas? era el dilema de una mujer que poco le faltaba por azotarse contra el muro, a quien le hice una terapia de shock argumentando que aquí en el sur llueve todo el año. Otra conocida manifestaba su enojo y frustración, con dos bolsas vacías en la mano, porque habían pocos expositores exclusivos. En este escenario, entendí por qué las marcas de zapatos cobran lo que cobran (algunos los dos ojos de la cara). 

El consumo de zapatos en nuestro país (no conozco las estadísticas) en los últimos años se ha disparado de forma abismante. Ahora existen cientos de marcas nacionales y calles llenas de zapaterías en Santiago como en el Barrio Italia y calle Victoria; ferias en todas las ciudades del país y plataformas web que ofrecen todo tipo de diseños para todos los gustos y estaciones.

Bastó con darse una vuelta por una sencilla feria de tacones (hay mega ferias en todo el mundo) para observar un fenómeno sociológico tan interesante y complejo como el consumo. Mujeres tan desesperadas por obtener zapatos como si fuesen un alimento vital para la supervivencia, vorágine que me hizo pensar en la sicología del consumo y obtener esos botines que siempre quise !!! y en oferta!!! 






   

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