viernes, 10 de noviembre de 2017

Destino recomendado: Colonia del Sacramento

 Calle de Los Suspiros

Después de dos días en Montevideo, y tras la insistencia de muchas personas, me dirigí al terminal de buses de Montevideo, Tres Cruces, para comprar los boletos de ida y vuelta a la ciudad de Colonia del Sacramento, un imperdible para muchos de mis amigos. (Mención honrosa al terminal de buses porque, realmente, me impresionó la calidad de sus instalaciones, la limpieza y comodidad, igualito a los de Chile).

Existen dos empresas de buses que viajan a Colonia y Punta del Este, COT y Copsa. La primera más cara que la segunda, pero cuenta con wi fi gratuito para los adictos a las redes sociales como yo, así decidí viajar en COT. Me senté en la ventana, porque siempre es positivo conocer las carreteras de los países que se visita ya que nos permite tener otra perspectiva de la ciudad y apreciar la ruta. 

Las carreteras de Uruguay, al igual que las chilenas, son concesionadas, más pequeñas y con un flujo de autos muy inferior. Lo verde intenso de su paisaje me hacían recordar mi querido sur, lleno de árboles y vegetación. 

Tras dos horas y media de viaje, llegué al pequeño terminal de Colonia y ahí, sola, no sabía que hacer, fui no más a mi suerte. Entro a la oficina de turismo para consultar donde se encontraba el casco histórico - patrimonio mundial de la UNESCO- y por obra de la causalidad (no creo en la casualidad) conocí a una pareja de chilenos que salían de allí  sin destino ni rumbo, igual que yo. Cuando escuché ese típico acento chileno, casi me dio un orgasmo, por fin veía a un chileno - no se que chucha pasa cuando voy al extranjero pero encontrarme con un chileno es lo máximo, quizá porque entienden cuando digo "weon" o "chucha" cada 5 segundos-.

Fue un encuentro mágico, hicimos migas al tiro y me colé con el violín en la mano. Fuimos a otra oficina de turismo para acoplarnos a un tour que salía a las 15.00 horas, pero como estabamos famélicos aprovechamos de comer en un boliche cercano. La conversa se puso tan buena que el tour se fue a las pailas. Comimos tranquilamente frente a la entrada al casco histórico y cruzamos la puerta de la ciudadela. 





Foto por aquí, foto por allá,  convencí a Gisella de hacerse un Instagram, jajaja, y empezamos a recorrer las callejuelas con adoquines y construcciones del siglo XVII gracias a la experticia en mapas de Rolando. El lugar, me pareció maravilloso, era transportarse en el tiempo mientras respirabamos la brisa del río y apreciábamos todo a nuestro paso. Llegamos al faro, pagamos cerca de $500 pesos chilenos, y subimos a la cúspide donde corría un viento de aquellos mientras la invasión de turistas brasileñas se despeinaban, jajaja. 








Recorrer el casco histórico no toma mucho tiempo porque es bastante pequeño, pero 100% recomendable de conocer. Ojo, porque hay mucho plátano oriental así que les advierto a los alérgicos para que descarten esta opción en primavera. La ciudad, tiene más onda que Montevideo, con muchos cafecitos y locales. 




Ruinas del convento San Francisco

Finalmente, recorrimos en taxi la costanera hasta la Plaza de Toros (cerrada por refacción), nos tomamos un par de fotos más en el letrero que dice Colonia (idéntico al de Montevideo) y regresamos al terminal de buses contentos con la experiencia vivida y con este encuentro "causal" de la vida. 

Viajar de Montevideo a Colonia del Sacramento cuesta cerca de $8.000 pesos chilenos solo de ida pero vale absolutamente la alegría, no la pena.

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