martes, 6 de marzo de 2018

Diario de motocicleta a la chilena




¡Volví! Estuve ausente un par de meses del blog por cambio de casa (enésima vez) y esa situación, de full estrés, me tuvo ocupada por bastante tiempo. Ahora ya adaptada, con la casa "pichi caluga" y con el control de mis tres mascotas puedo escribir tranquilamente.

Ahora tengo una historia que contar ... 

Mi pololo, novio, enamorado, compañero, "whatever", es amante de las motos; desde joven soñaba andar por el mundo libremente en su motocicleta con el pelo al viento creyéndose "Easy Rider". Con los años (y con el presupuesto) adquirió diversas motos hasta que se compró la Suzuki Vstorm 1000, una moto imponente, con todos los chiches habidos y por haber, a lo Quico. Como él deseaba darle carrete a la moto nueva - ya no era suficiente darse vueltas por la plaza de Puerto Montt - me regaló el traje completo para que lo acompañara. Así que nuestra primera salida fue a Puerto Varas.



Por mi parte, nunca me había subido a una moto, solo a una scooter a los 14 años donde atropellamos a un amigo, jajaja, sin consecuencias fatales, jajaja. Yo, con toda la actitud me puse el traje y accedí a la primera invitación para ver que tal la experiencia. Me senté con propiedad como "mochila" y partimos a Puerto Varas, me sentía salvaje y rebelde. Primera prueba superada.

Segunda prueba, a Castro en la isla de Chiloé; como el viaje era más largo que el primero me permitió descubrir que tengo el superpoder de montar una moto y quedarme dormida, ¡sí! dormida ... situación peligrosa que aún no sé cuál será la causa: mucho oxígeno, reflexión profunda, movimiento, monotonía del paisaje, no sé que cresta me pasa!!! ¿cómo alguien puede sentir sueño a más de 140 kilómetros por hora (no le digan a los pacos)?!!! pero en fin sigo viva. Tercera prueba a Cochamó, pero esta vez no me quedé dormida porque tomé las providencias intoxicándome - exageración- con café. 

Un día X conversando sobre las vacaciones - siempre salgo sola de vacaciones y él es un hombre muy muy ocupado- nos propusimos hacer un viaje largo en moto hasta Valparaíso, miramos el mapa y trazamos la ruta. Se pensó y se hizo.

Salimos rumbo a Concepción (no lo conocía) más preparados que cabeza de chancho;  alforjas, herramientas, ropa técnica y toda la parafernalia para no tener contratiempos en el viaje. Por la ruta 5 nos desviamos por Collipulli para llegar a Nacimiento (35 grados) y tomar la Ruta de la Madera. La ruta estaba atestada de camiones de gran mangnitud en un camino estrecho ... veía mi muerte cada cinco minutos. A través de las micas del casco podía ver la depredación de las empresas forestales en la zona, solo pinos, eucaliptus, barracas y usinas decoraban el lugar junto a un enorme parque eólico que vimos en el camino.  

Llegamos a Concepción, desempacamos, nos desempolvamos y salimos a recorrer el centro. Primera visita la conocida "Fuente Alemana" donde nos "zampamos" unos "wenos sanguches". Paseamos por el parque Ecuador y recorrimos la Universidad de Concepción, muy hermosa por cierto. Caminamos entre calles muertas y nos fuimos al hotel a descansar tras el largo viaje de 8 ocho horas continuas. 





Al siguiete día, nos dirigimos a la costa de la región del Biobío, con destino a Tomé que, desde mi punto de vista, tiene un potencial enorme, linda costanera y  playa, con la mejor arena que vimos en la costa. Seguimos el recorrido por diversos pueblos costeros y paramos en Curanipe a comernos unas empanadas gigantes de camarón y jaiba por $1.200 pesos. Fuimos testigos de la reconstrucción tras el terremoto, que ha avanzado a pasos agigantados, construyéndose lindas costaneras y locales para los habitantes los que, lamentablemente, vendían puras chucherías plásticas y chinas ( cero atractivo para el turista).






Después de andar varios kilómetros en ripio en la Ruta del Mar llegamos a Cobquecura, localidad enemiga acérrima de las salmoneras, pero muy amiga de las forestales, jajaja... En Cobquecura colapsamos, ya llevámos hartas horas de viaje en caminos sinuosos y no "nos daba el cuero" para llegar a Pichilemu que era nuestra meta. Así que salimos con rumbo a Chillán pasando por el pueblo de San Nicolás a tomarnos un refrescante mote con huesillo. Tras un arduo día en moto llegamos por fin a Chillán (tampoco lo conocía) y me pareció muy ordenado, limpio, me tinca que es un poco fome pero la ciudad es muy linda. Cenamos y a la cama como saco de papas.




Al siguiente día regresamos a Cobquecura, la idea era llegar a Pichilemu por la costa. Así conocimos decenas de pueblos en la costa de la región del Maule para tomarnos un café en Constitución (tampoco lo conocía) y proseguir hasta Vichuquén. Llegamos al pueblo y almorzamos en "La Marina de Vichuquén", hermoso hasta decir ¡basta! a orillas del lago. Me atrevería a decir que el lago Vichuquén es uno de los sectores más cuicos y exclusivos -no hay muchos accesos para la "people"-. Bordeamos el lago y nos insertamos nuevamente a un camino de ripio pero ahora con mucha neblina, oscuro y con garuga donde casi nos sacamos la reconcha... hasta llegar a la zona del salar de Cahuil y llegar a destino al caer el día. 




Tripanko Lodge fue el lugar escogido para el merecido descanso. ¡Que wea más linda! llena de árboles, tinajas, hermosa decoración y todas las comodidades para unos viajeros aperrados como nosotros, nos lo merecíamos. Salimos a recorrer las calles de Pichilemu y cenamos en el restaurante "La Casa Verde", muy recomendable y nuevamente caímos como un yunque a la cama. Desayunamos y nos despedimos de Julio, nuestro amable anfitrión, para ir a sapear a Punta de Lobos a los surfistas agallados. Nuevamente tomamos una ruta de ripio -nos gusta el webeo- y nos fuimos hasta Matanzas lugar que se perfila como un destino de veraneo imperdible. Almorzamos en la pequeña caleta y partimos a Las Rocas de Santo Domingo a comernos el postre, posteriormente pasamos por San Antonio y todo el litoral central. Tras otro largo viaje, llegamos Valparaíso nuestro destino final.









Estuvimos tres días en Valparaíso, fuimos en moto hasta Reñaca, hicimos todo lo que hacen los turistas en Valpo, subir ascensores, ir al Cinzano, mear en la calle, etc, jajaja. Compartí con mis amigas del alma, y pasamos unos lindos días en la joya del Pacífico. Debo confesar que el hecho de pensar en el regreso me estresaba, ya no quería ver más una moto, mis rodillas estaban resentidas, me dolía un brazo por lo que nos nutrimos un par de días con ketoprofeno. Mi pololo me sugirió regresar en bus y lo pensé seriamente, pero si hacía la hazaña ¡la hacía completa y con cuática! porque el regreso fue tras un viaje de 14 horas desde Valparaíso a Puerto Montt con arrancada de los pacos incluida, unos verdaderos foragidos. A mis amigas que no me tenían fe, ¡tapa!



Nunca pensé conocer tanto de Chile en una semana, no podría cuantificar cuántos pueblos conocí. Durante el viaje siempre tuve en la mente la canción Exiliada del Sur de Inti Illimani ya que pasé por muchos pueblos que relata. Chile, es un país hermoso, diverso y profundo y conocerlo en moto fue un honor ya que percibí cosas imperceptibles cuando se viaja en auto y sentí la libertad que da el viento y el destino sin rumbo. 










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